Creo que necesito compartir esta parte de mi vida. Quisiera hacer algo cada vez que escucho que un niño o una niña fue abusado sexualmente. Me da asco, me enojo y siento una fuerza dificil de explicar en el vientre.A los 11 años jugaba muñecas, tenía muchos amigos y amigas -bueno eso creo que nunca lo perdí-, queria ser periodista, me gustaba leer, ver tele y también me atraía uno que otro amiguito...nadar era mi otra pasión.
Luego sucedió. Un hombre de 26 años, amigo de un vecino comenzó a molestarme. Fue acoso sexual. Nunca llegó a una violación, creo que Dios siempre me cuidó muchísimo y me escabullí un par de veces para que no pasará nada. Estaba amenazada, como la mayoría de niños tenía miedo de decir lo que sucedía, mis papás trabajaban y la mayor parte del día estaba con una chica que me cuidaba...quien era complice del tipo ese.
No fue la única vez que me pasó. Creo que mi personalidad "dulce" que todo el mundo dice que es de mis mejores características atraía como miel a esa gente. Tal vez nada fue tan duro como lo que sucedió en las vacaciones de 1990, pero aprendí que tenía que defenderme sóla, que no debía permitir que nadie me tocará y empecé a alejar a los hombres de mi vida...a todos. Me sumergí en mis libros y los estudios.
A los 17 años descubrí que el temor más grande de los abusadores es que la gente se enteré de su pecado. Sólo quiero decirles que si tienen hijos, sobrinos, amigos en edad escolar se acerquen a ellos y les hablen. "Nadie tiene derecho a tocar su cuerpo...nadie...nadie" y de pasar eso no deben tener miedo de decirlo. Creo que no hay nada más directo y uno no es tonto de niño. El mensaje se comprende y creo que eso podría solucionar miles de cosas.
Otra punto es cómo salir de este trauma. A mi me costó mucho encontrarme conmigo, disfrutar de un noviazgo, tener pareja, y llevar una vida sexual plena, pero se puede aprender de las enseñanzas de la vida. Esto será tema de una nueva entrada en el blog.






